DÍAS EN LAS DIÓCESIS: EXPLOSIÓN JUVENIL

Ya se está viviendo, en todo el territorio nacional, y con toda intensidad, la cercanía de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, que se estará realizando en la Ciudad de Panamá la próxima semana, y que será presidida por el Papa Francisco.

En los días previos, se están realizando en Costa Rica los “días en las diócesis”, donde peregrinos de todo el mundo han sido acogidos por familias en diferentes parroquias.  La alegría se ha sentido, la acogida ha sido extraordinaria, y cada uno de los jóvenes que nos visitan han podido percibir, en toda su intensidad, la hospitalidad del pueblo costarricense.

En la mañana de este sábado, junto con el Obispo de Limón, se ha vivido una jornada de mucha alegría, la cual inició con la celebración de la Eucaristía, donde los peregrinos visitantes, así como los jóvenes limonenses que se preparan para salir hacia Panamá el próximo lunes, han sido “enviados” por Monseñor Javier Román, a vivir una experiencia única de la juventud católica del mundo.

A continuación, video y fotografías de la jornada vivida este día en la Catedral de Limón, y en el Gimnasio del Colegio María Inmaculada.

“JESÚS VINO POR USTEDES, VINO POR MÍ, POR TODOS…”

(Homilía pronunciada en la Santa Misa de envío de los peregrinos a la Jornada Mundial de la Juventud, el sábado 19 de enero, 2019, en la Catedral de Limón)

 

Hermanos y hermanas, hoy esta catedral refleja lo que es la Iglesia Católica: una familia de diferentes orígenes, lenguas y culturas unidas por la fe.

Es histórico este encuentro en preparación para la Jornada Mundial de la Juventud. Con alegría y hermandad vamos como discípulos a dejar que Dios haga su obra a través de todo lo que experimentaremos la próxima semana en Panamá. Lo hacemos siguiendo el ejemplo de la Virgen María, su obediencia y disposición al plan del Creador. Ella como madre amorosa nos acompañará y su intercesión nos ayudará a hacer que esa semilla germine en abundantes frutos espirituales en nuestros países, parroquias y familias.

Llevamos a Panamá todo lo que somos, nuestras alegrías y nuestras penas, lo que nos preocupa y lo que nos da paz. Nuestras virtudes y nuestros pecados, allá iremos con las manos sucias y vacías, conscientes de nuestras muchas limitaciones, pero seguros de que el Señor nos colmará de todos sus bienes.

Es bueno preguntarnos ¿por qué peregrinamos?, ¿cuál es el sentido de todo este esfuerzo y cómo esta actitud de caminantes nos debe de llevar a Jesús? No somos peregrinos por un juego, o solo para conocer personas nuevas, sino para descubrir en nuestro interior que tenemos una sed de infinito que solo Dios puede llenar.

Hay un lema que nos gusta repetir, y es que lo mejor de Limón es su gente. Ustedes queridos peregrinos han podido experimentar un poco del calor de nuestra gente -y del clima por su puesto-, el gusto con el cual recibimos a quien llega, como históricamente ha sido en la conformación multiétnica y pluricultural de nuestra sociedad.

Queremos que estos días queden grabados en sus corazones como una experiencia que quieran repetir. Quisiéramos recibirlos de nuevo en el futuro, y volver a hablar de lo que hemos vivido, y de cómo la experiencia de la Jornada de la Juventud fue un momento de Dios para cambiar nuestras vidas.

Esta Catedral, esta diócesis, estas parroquias y familias serán siempre su catedral, su diócesis, su parroquia y su familia. Gracias por escogernos para vivir los Días en las Diócesis, gracias por hacer de Limón su casa. Ustedes nos han dado mucho más de lo que nosotros podríamos haberles dado. Su fe y su gozo de jóvenes son energía que nos dinamiza en la tarea de la evangelización y nos compromete a seguir trabajando con los jóvenes limonenses para lanzar las redes contando con su fuerza y su creatividad.

La Palabra de Dios que hemos escuchado nos interpela, porque es siempre viva y eficaz. La Palabra de Dios es buena, a través de ella Dios quiere nuestro bien, por eso sin ningún temor debemos de buscarla para discernir las respuestas a las muchas inquietudes de nuestro corazón y recibir la misericordia de Dios.

Jesús, el siempre joven, rompió todos los esquemas de su tiempo. Se acercaba a los pecadores, a esa gente que llamaríamos “de mala fama” ante el escándalo de los maestros de la ley y los que en la época, como ahora también, se creen santos en vida.

Ante su crítica, Jesús siempre se defiende de la misma manera: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Incluso llamó a Leví, uno de esos pecadores reconocidos, recaudador de impuestos, para que formara parte de sus amigos más cercanos.

Aunque esta actitud de Jesús la hemos oído un millón de veces… nos tiene que seguir llenando de alegría y de consuelo, porque todos engrosamos las filas de los pecadores… y gracias a él también las filas de los perdonados.

Ojalá este Evangelio nos haga romper para siempre la imagen de un Dios severo que solo busca castigarnos por nuestros pecados. Por el contrario, debe de motivarnos a pensar qué cosas nos alejan de su amor y debemos por tanto rechazar. Se trata de renuncias que a veces duelen, pero que son necesarias, renunciar incluso a nosotros mismos para poder, con generosidad, servir a los hermanos en sus necesidades.

Leví tenía todas las contraindicaciones para formar parte del séquito de Jesús; era traidor a su pueblo y ayudaba al poder romano opresor. Incurría constantemente en impureza, al tratar con los funcionarios paganos para entregarles lo recaudado. Probablemente era también ladrón, cobrando más de lo debido a gente ignorante e indefensa.

Pero en la llamada a ser seguidores de Jesús no cuentan los méritos humanos, Jesús no nos mide desde cálculos humanos, él siempre nos mira más allá y sabe que en el fondo de nuestro corazón está siempre un deseo de bien y de verdad.

Jesús, hermanos, vino por ustedes y por mi, vino por todos, y todos los días pasa por nuestra vida llamándonos, buscándonos casi con obsesión, para que desde nuestra libertad demos un paso al frente en el compromiso y el seguimiento.

En la próxima Jornada Mundial de la Juventud estará también Cristo esperando de nosotros una respuesta afirmativa a su invitación a asumir una vida renovada en el amor. Ahí estará y no mirará cuán malos hemos sido, ni cuánto nos hemos alejado de la Iglesia, ni siquiera nos cuestionará nuestro pasado, solo quiere que de una vez y para siempre lo hagamos el norte de nuestras vidas.

Jesús es el médico de los enfermos; pero es sobre todo la encarnación de la bondad del Padre que recibe gozoso a sus hijos pródigos y celebra con ellos un banquete: comparte con ellos lo que es y lo que tiene. No desperdiciemos esta gran oportunidad.

Mons. Javier Román Arias

Obispo de Limón, Costa Rica

CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA URGE A DIALOGO SOCIAL

COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA

ANTE LA URGENCIA DEL DIÁLOGO SOCIAL

“Busca la paz y corre tras ella.”

Sal 34, 14

En el marco celebrativo de las fiestas patrias, se nos presenta el reto de avivar en nuestros corazones y mentes, el anhelo por la Costa Rica pacifista, democrática y solidaria.

El interés común en torno al problema del déficit fiscal debió generar, desde el principio, un diálogo urgente, transparente, efectivo y sin condiciones.

Ante el rumbo de los acontecimientos, como ciudadanos, llamamos a las partes en conflicto a la búsqueda de soluciones efectivas y alternativas viables en una mesa de diálogo que conduzca al fortalecimiento de la paz social y del bien común.

Como Pastores del Pueblo de Dios, nos hacemos eco de la enseñanza del Papa Pablo VI en su mensaje “Si quieres paz, trabaja por la justicia”, en que nos plantea la necesidad de que cada país fomente fraternal y solidariamente las “condiciones de promover su propio desarrollo dentro del marco de una cooperación inmune de cualquier intención o cálculo de dominio, tanto económico como político”.

Firmes en esta convicción animamos, respetuosamente a:

  1. Que se convoque un encuentro preliminar sin condiciones, para que las partes interesadas acuerden puntos de consenso que den origen a la instalación de una mesa formal de diálogo;
  2. Que instalada la mesa de diálogo se discuta, tanto el proyecto de ley 20580 como las 39 propuestas de la unión sindical, para resolver las finanzas públicas a partir de principios éticos y no solo economicistas.
  3. Que se proponga la búsqueda de soluciones para el desarrollo integral y solidario de la población más vulnerable y empobrecida.

Sabemos que “la apertura de un diálogo desinteresado, objetivo y leal, ya decide por sí misma en favor de una paz libre y honrosa” (Pacem in terris 39) por ello, rogamos la intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de Los Ángeles, quien siempre ha estado presente en los momentos más difíciles de la vida patria, para que el diálogo sea el camino de la paz.

En San José, el 13 de setiembre de 2018

+José Rafael Quirós Quirós

Arzobispo Metropolitano de San José

Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

 

+Gabriel Enrique Montero Umaña

Obispo de San Isidro del General

Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

 

+Javier Román Arias

Obispo de Limón

Secretario General de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

 

+José Manuel Garita Herrera

Obispo de Ciudad Quesada

Tesorero de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

 

+Óscar Fernández Guillén

Obispo de Puntarenas

 

+Manuel Eugenio Salazar Mora

Obispo de Tilarán-Liberia

 

+Mario Enrique Quirós Quirós

Obispo de Cartago

 

+Bartolomé Buigues Oller

Obispo de Alajuela

 

+Daniel Blanco Méndez

Obispo Auxiliar de San José

 

Mensaje de Monseñor Javier Román para la recepción de los símbolos de la JMJ en Guápiles

Mis queridos jóvenes, su energía es contagiosa. Gracias por llenarnos a todos con su fuerza, sueños y de esperanzas. En efecto, hoy estamos aquí con el corazón gozoso porque el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

Le damos gracias a Dios porque nos permite compartir la fe alrededor de estos signos tan significativos, que nos anuncian la cercanía del mayor evento mundial de los jóvenes católicos: la Jornada Mundial de la Juventud.

Recibimos con mucho fervor la Cruz Misionera de la Jornada Mundial y el Ícono de Santa María Protectora del Pueblo Romano, entregados a los jóvenes por San Juan Pablo II. Él mismo nos enseñó el motivo: conocer más profundamente a Cristo en el Misterio de la Redención y encomendar la vida a la Madre de Dios.

Al recibirla la admiramos y la contemplamos: una cruz sencilla, pero majestuosa; sobria, pero llena de significado; misteriosa, pero llena de esperanza. Es la cruz que nos recuerda el amor que Jesús tiene por todos, especialmente por los adolescentes y jóvenes, y entre ellos, a los más necesitados.

Es la cruz que nos recuerda el llamado que el Señor nos ha hecho a la santidad, ¡a la perfecta alegría! El corazón del joven anhela, desea, busca la felicidad, pero la fe nos ayuda a descubrir que no hay felicidad verdadera y auténtica, sino es en su amor.

El joven desea un mundo mejor y Jesús le ayuda a descubrir que es posible, pero sólo con la fortaleza del amor que lo da todo por conseguirlo, renunciando a ideologías y a propuestas individualistas que invitan dejar a un lado la familia, a un lado a los demás, a dejar a un lado a los hermanos, y a sólo concentrarse en el yo aislado. Ese es el camino a la tristeza, al llanto y a la desesperación.

La cruz de la JMJ es un signo lleno de misterio, ha recorrido países, miles de jóvenes la han tocado, se han arrodillado, han presentado su oración, han recibido consuelo y fortaleza, es el misterio de la fe. Esta cruz, al actualizar la fe en el amor de Jesús, ha llenado de esperanza los corazones de muchísimos jóvenes y de muchas personas que se acercan a ella con una fe sencilla, más no fanática.

Esta cruz no recorre los caminos buscando fans y likes, busca corazones afligidos y personas sencillas y pobres para consolarlas, sanarlas y fortalecerlas en medio de las luchas de la vida y renovar su esperanza y su esfuerzo. En la cruz, el Sagrado Corazón de Jesús derramó su sangre por ustedes, por mí, por todos, e hizo de todos nosotros un solo pueblo.

Que la presencia de estos signos sencillos por todas las diócesis de nuestro país nos ayude a unirnos en la fe, todos como adolescentes y jóvenes que creemos en Cristo nos reconozcamos miembros del grandísimo pueblo de Dios que peregrina en todo el mundo y renovemos nuestra fe y esperanza.

Porque, como dice el Papa Francisco, los cristianos sabemos que nuestros mejores días y tiempos están aún por venir, que esos mejores días pueden ser construidos por nuestro esfuerzo y la gracia divina; ustedes jóvenes nos hacen recordar a todos que los cristianos somos un pueblo más de futuro que de pasado, y que en el horizonte del hombre hay un sol que lo ilumina para siempre. Creemos que nuestros días más bellos aún están por venir.

Finalmente, hay una mirada que aprendemos de las mamás llenas de amor y de la que todos podemos aprender. Cuando hay una reunión familiar y alguna de las hijas o hijos no está presente, el corazón de la mamá conecta con el hijo ausente. Unos le dicen que no se preocupe, que se alegre con los que están presentes; pero la mirada de la mamá se pierde un momento en busca de su hija o de su hijo. La Virgen María nos enseña y nos anima a recordar a los jóvenes de nuestra diócesis que no están aquí. A buscar a quienes necesitan experimentar la misericordia del amor de Dios, pero que por muchas razones no la han recibido o la andan buscando en lugares donde nunca la encontrarán.

Llevemos con alegría la Cruz de la JMJ y el Ícono de María, que llegue adonde están ellas y ellos, que recorra nuestros barrios limonenses, que visite nuestros templos y capillas, que haga estación en hospitales, que se haga cercana, que todos la puedan tocar y puedan orar ante ella, que se tomen fotos y compartan su alegría y esperanza, para que juntos podamos transformar todas esas realidades que nos duelen de nuestra provincia en fuerza para salir adelante con la ayuda de Dios y nuestra Madre Santísima.

Y que en este espíritu de unidad y amor sigamos preparando el camino al encuentro con Jesús en Panamá 2019. Que Dios los bendiga.

Mons. Javier Román Arias

Obispo de Limón