“QUE PUNTARENAS VUELVA A BRILLAR, COMO LA PERLA DEL PACÍFICO QUE ES”

(Monseñor Javier Román Arias, Obispo de Limón, en la Catedral de Puntarenas, el domingo 14 de julio, 2019)

Qué alegría encontrarnos para celebrar esta Santa Eucaristía, en la que conmemoramos el  amor salvífico que ha sido derramado en la cruz y que ha abierto para todos las puertas del cielo. Lo hacemos en el marco de una fiesta muy especial, que hermana a tantas parroquias en nuestro país, la fiesta en honor a la Madre del Señor, en su advocación de Nuestra Señora del Carmen.

Esta fiesta sabemos que tiene que ver, en primer lugar, con la familia religiosa del Carmelo y cuantas personas se agregan a la misma para honrar y amar a María. Pero la celebra también la Iglesia entera, porque la Orden de los Carmelitas ha difundido en el pueblo cristiano la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo, señalándola como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios.

Es un gusto poder dirigirme a ustedes por invitación de mi hermano Monseñor Óscar. Lo hago de corazón a corazón, de un porteño del Caribe a los porteños del Pacífico. En efecto, hay muchos lazos que compartimos los limonenses y los puntarenenses, comenzando por el entorno marítimo que nos determina.

Sabemos por la historia de Puntarenas, en el año de 1913, que la embarcación llamada El Galileo naufragó mar adentro y su tripulación fue rescatada milagrosamente. Al llegar a tierra, los marineros contaron que una mujer los visitó para darles fortaleza y comida, fue por eso, según su relato, que sobrevivieron. Dice la historia que para sorpresa de los pescadores, cuando fueron a la iglesia de Puntarenas, la imagen de la Virgen del Carmen que estaba en el templo era igual a la mujer que los ayudó durante el percance.

A partir de esa fecha, la Iglesia Católica de Puntarenas celebra las fiestas de la Virgen del Mar, igual en que otros lugares del mundo, donde la llaman en latín Stella Maris, es decir “estrella del mar”. Ella es la Patrona y Madre de esta amada diócesis de Puntarenas.

La Palabra de Dios en este domingo nos presenta la actitud misericordiosa y cercana del buen samaritano, en esta bella parábola tan conocida por todos. En efecto, Jesús es un narrador maravilloso. La parábola del buen samaritano es una historia clásica que tiene dramas y personajes inolvidables. Está hecha a mano por un maestro narrador. Una de sus características literarias es la repetición de la frase que describe al sacerdote y al levita. San Lucas dice que no solo no se detuvieron para ayudar al hombre, sino que “pasaron por el lado opuesto”. Ambos hicieron lo mismo: “Pasaron por el lado opuesto” o “pasaron de largo”.

Las personas que escuchaban esta historia habrían hecho excusas para ellos. “La víctima quedó medio muerta” … Si tocaran al hombre y él estuviera muerto, aquellos hombres se habrían vuelto ritualmente impuros y no se les habría permitido oficiar, o participar en la adoración en el Templo, cosa que requerían sus servicios litúrgicos. Otros defenderán a los dos hombres religiosos diciendo que estaban solos en un camino peligroso y solitario. Esto incluso podría haber sido un montaje, una trampa para un viajero solitario.

Jesús no condena a los dos que pasaron. Pero vuelve a enfocar nuestra atención y habla de una persona, un extranjero, que cruzó al otro lado y tuvo la oportunidad de ayudar a la víctima. ¿Qué es lo que hace que la gente haga tales cosas? ¿Solo las personas de extraordinaria valentía están dispuestas a arriesgar todo, incluso sus propias vidas para ayudar a otra persona?

Notemos que, en la parábola, aquel samaritano llevaba consigo los “ungüentos curativos” del día; vino para la limpieza y aceite para favorecer la curación. La parábola nos sugiere que, con el Espíritu de Dios, tenemos los elementos necesarios para sanar y ayudar a quienes necesiten de nosotros.

Ante el dolor de aquel hombre, algo en el corazón del buen samaritano se conmovió; no pasó por un largo debate sobre los méritos de la persona herida. A diferencia suya, en estos días nuestra nación parece menos conmovida ante el dolor de los hermanos que sufren. Incluso algunos cristianos siguen dando la espalda a los abandonados y enfermos dentro de nuestras propias fronteras ¿Los juzgamos con severidad o, como el samaritano, tenemos compasión y nos abajamos para curar sus heridas ahí donde están a la orilla del camino?

 

Una mirada a la realidad

Sabemos que Puntarenas ha sufrido por muchos años el abandono y los efectos negativos de un injusto esquema de desarrollo, que ha fomentado la desigualdad con la región central del país. La falta histórica de una estrategia de desarrollo para las periferias geográficas, que conjugue la voluntad política de las autoridades gubernamentales con la capacidad de iniciativa y de acción de los liderazgos y de las organizaciones sociales de estos territorios, ha privado de oportunidades a miles de personas, cuya vida ha quedado al margen de los beneficios económicos y sociales ofrecidos al resto del país.

La postración económica es, fundamentalmente, la causa de casi todos los problemas que sufren estas regiones y la falta de oportunidades de trabajo constituye, sin duda alguna, el problema más agudo, el cual, a su vez, engendra indeseables y devastadores flagelos como la pobreza que golpea a 14 mil personas en esta provincia (INEC), el narcotráfico, la desintegración familiar, la prostitución y la drogadicción de los jóvenes. Problemas que también sufren otras regiones y pueblos pobres de nuestra querida Costa Rica.

Una palabra aparte merece la situación de los pescadores y demás gentes del mar.

El debate actual sobre técnicas de pesca permitidas o no, debe de poner siempre en el centro a la persona y su dignidad. Y siguiendo la propuesta del Santo Padre en su encíclica ambiental Laudato si, debe de observarse un balance, una ecología integral, donde los pescadores sean parte de las soluciones, no de los problemas.

Debemos llegar a la comprensión de que ellos y ellas son integrales al ambiente que debemos proteger. No son convenientes ni los permisivismos complacientes que acaban devorando los recursos naturales, ni los extremismos ambientalistas que desconocen el hambre, el desempleo y la miseria que sufren muchos de ellos y sus familias.

Monseñor Óscar Fernández Guillén, Obispo de Puntarenas

Es urgente ampliar las posibilidades de subsistencia armónica con el mar. Impulsar la acuacultura y otras formas de producción artesanal, animar la formación de más cooperativas y asociaciones, abrir nuevos mercados, promover el turismo ambiental, favorecer las certificaciones internacionales, ofrecer capacitación y apoyo técnico, incluso subsidios para los emprendimientos en este campo. Igualmente, con la misma decisión, deben de establecerse controles para evitar la pesca ilegal.

La iniciativa privada puede, y debe jugar un papel importante. Hay que fomentar las condiciones que permitan crear nuevos empleos dignos y conservar los que ya existen. Hoy muchas familias de pescadores sobreviven con menos de cien mil colones al mes, ¿quién puede salir adelante así cubriendo encima el pago de un alquiler y los servicios básicos?

Instituciones como Incopesca, el IMAS, el Ministerio de Agricultura, las universidades públicas y las Municipalidades deben ser aliadas del desarrollo integral, facilitadoras de procesos y servir como como ayudas oportunas para quienes, con honestidad y legalidad, quieran salir adelante.

El diálogo, tan apelado en las últimas semanas para resolver las diferencias, debe de ser permanente, auténtico y en todo caso conducir a la toma de decisiones concretas. Debe de imperar una verdadera actitud recíproca de escucha y comprensión. No más diálogos de sordos en nuestro país.

La Iglesia estará siempre dispuesta para servir al bien común y a la paz, aunque muchas veces se recurra a nosotros solo cuando el agua del conflicto social está llegando al cuello de los políticos de turno.

Diputados de Puntarenas, el pueblo necesita su compromiso con proyectos de ley que permitan salir de esta crisis que se arrastra desde hace tanto tiempo. Que Puntarenas vuelva a brillar como la perla del Pacífico que es.

En momentos de incertidumbre como los que hemos vivido en Costa Rica, nadie apela a un Estado laico, ni se reclama con irrespeto y altanería recluir a la Iglesia en las sacristías para acallar su voz profética.

No importa, como pastores estaremos siempre en defensa de la justicia, del bien y la verdad. Nadie en su sano juicio podría pensar que el clima de conflictividad social ya desapareció en nuestro país, por eso seguiremos animando el encuentro permanente entre las partes y la responsabilidad de cumplir los compromisos asumidos.

Tengan presente hermanos, que no es cierto que los obispos y la Iglesia estemos acomodados en nuestras zonas de confort, como afirmó irresponsablemente hace poco un medio de comunicación. Cada uno de nosotros está trabajando en diferentes temas y realidades sociales de nuestras diócesis, apuntando siempre al bien común, que es el bien de Costa Rica.

 

Ingreso a la Catedral de Puntarenas

Encomendados a la Madre del Señor

Hermanos, siempre que celebramos la Eucaristía, en la Plegaria Eucarística, “veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor”.

En esta misa de la fiesta del Carmen, le pedimos a María, en palabras del Papa San Pablo VI, que “sea ella la Estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (Pablo VI, El anuncio del Evangelio, n° 81).

Que Nuestra Señora del Carmen acompañe los pasos y el peregrinar de esta diócesis de Puntarenas, a sus familias y comunidades cristianas, especialmente a los más pobres. Amén.

HOMILÍA MISA CRISMAL 2019

Catedral de Limón, lunes 15 de abril, 2019

 Los saludo con afecto paternal, en este día en que nos reunimos a celebrar esta Santa Misa Crismal, que es la más hermosa y concentrada expresión de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, que se congrega acá en Limón, en torno a su obispo y a sus presbíteros.

Esta es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del obispo y un signo de la unión estrecha de sus sacerdotes con él. Está centrada en la bendición y consagración de los óleos y en la renovación de las promesas sacerdotales.

Especialmente a todos ustedes, hermanos sacerdotes aquí presentes, que en virtud de una gracia especial y por una entrega singular a nuestro Salvador, soportan el “peso del día y el calor” del trabajo pastoral (Mt 20,12), les expreso mi admiración, mi cariño y mi gran respeto, así como mi especial agradecimiento por su entrega.

Me siento muy contento que estén aquí, unidos como toda la gran familia eclesial de la diócesis de Limón. Confío su ministerio a Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, que ha de bendecirlos y fortalecerlos cada día en su entrega a Dios y los hombres.

 

Los santos óleos

Dios ha querido salvarnos y santificarnos por medio de realidades materiales, a través de dones de la creación que Él transforma en instrumentos, para salir a nuestro encuentro e introducirnos en su comunión de amor.

Hoy son principalmente cuatro esos elementos o dones naturales que queremos destacar: el agua, el pan, el vino y el aceite. El agua, elemento fundamental de toda vida humana, es el signo esencial del acto por el que nos convertimos en cristianos en el bautismo y es la gran puerta por donde todos nacemos a una vida nueva. Es uno de los signos centrales de la Vigilia Pascual.

Los otros tres, el pan, el aceite y el vino pertenecen a la cultura y al ambiente mediterráneo donde vivió Jesús con su familia y sus discípulos y luego se desarrolló el cristianismo. Son elementos de la creación, pero también remiten a una dimensión fundamental de nuestra fe: el Hijo de Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros, en un momento y lugar precisos de la historia. El pan y el vino son materia prima que la Iglesia, fiel a su Señor, utiliza en cada celebración eucarística.

El aceite de oliva es alimento y medicina, embellece, prepara para la lucha y otorga vigor. En el Antiguo Testamento, los reyes y profetas son ungidos con óleo, signo de la dignidad, de la responsabilidad y de la fuerza que Dios les comunica. En el misterio del aceite, está presente en nuestro nombre de “cristianos”. En efecto, la palabra “cristianos”, con la que se designaba a los discípulos de Cristo ya desde el comienzo de la Iglesia… viene de la palabra “Cristo” (Hech 11,20-21), que es la traducción griega de la palabra “Mesías”, que significa “Ungido”. Los cristianos podemos decir que procedemos de Cristo, pertenecemos a Cristo, al Ungido de Dios, a Aquel al que Dios ha dado la realeza y el sacerdocio.

En todas las misas crismales que se celebran hoy o el Jueves Santo en el mundo, el obispo, reunido en la catedral con su presbiterio y el pueblo fiel, venido de todas las comunidades de la diócesis, bendice los santos óleos para todo el año. Así, queda expresada también la unidad de la Iglesia, garantizada por el episcopado, y remiten a Cristo, el verdadero “pastor y guardián de nuestras almas”, como lo llama san Pedro (1 Ped 2,25).

La Iglesia utiliza el óleo en cuatro sacramentos como signos de la bondad y de la misericordia de Dios que llega hasta nosotros: en el bautismo, en la confirmación, en los diversos grados del sacramento del orden y, finalmente, en la unción de los enfermos. De este modo, el óleo, en sus diversas formas, nos acompaña durante toda la vida: comenzando por el catecumenado y el bautismo hasta el momento en el que nos preparamos para el encuentro con Dios Juez y Salvador”.

Esta misa toma su nombre de la consagración de uno de los óleos: el Santo Crisma. Es un óleo relacionado de modo particular con el sacerdocio de Cristo. Lo reciben los bautizados como signo de participación en el sacerdocio común de los fieles. Lo reciben los sacerdotes en el momento de su ordenación presbiteral (o episcopal), para ser configurados en distintos grados con Cristo, cabeza y pastor, para colocarse al servicio del sacerdocio bautismal del pueblo de Dios

 

Un sí pleno e incondicional

Por otra parte, en el diálogo que el obispo entabla con sus presbíteros, en el momento de la renovación de las promesas sacerdotales, les pregunta si quieren unirse más fuertemente a Cristo y configurarse con él renunciando a sí mismos y reafirmando la promesa de cumplir los sagrados deberes ministeriales que por amor a Cristo aceptaron para el servicio de la Iglesia.

En esta Misa Crismal, amados presbíteros, se nos da la gracia de renovar tanto personal como colegialmente, el “sí” pleno e incondicional al Señor Jesús, que, sin mérito de nuestra parte, nos eligió; a nuestra Iglesia diocesana de Limón en la que estamos incardinados; a nuestro pueblo santo y amado que ama, lucha, canta y reza.

Somos una Iglesia pobre con los pobres, joven con los jóvenes, luchadora, entregada, ecuménica, alegre, cercana y esencialmente sierva de Cristo, a quien debemos encarnar en cada acción y en cada decisión, en cada palabra, gesto y encuentro con cada persona. Que nadie que nos pida ayuda se quede sin experimentar el amor de Dios.

Como nos recuerda el Papa Francisco, “una diócesis funciona bien sólo si su clero está jubilosamente unido, en fraterna caridad, alrededor de su obispo”, frase de la cual se deriva un doble compromiso: la comunión con el obispo y la fraternidad sacerdotal, elementos que no son accesorios sino vinculantes para todos, pues nuestro sacerdocio no es autónomo, sino derivado del ministerio apostólico de los obispos y en comunión con ellos. De ahí la importancia de mantener el esfuerzo de comunión con el obispo y sus indicaciones, procurando una implicación personal en el cumplimiento de la normativa de la Iglesia y los diferentes campos en los que tienen responsabilidades.

En particular, en cuanto a la renovación del compromiso del celibato, recordamos al Papa emérito Benedicto XVI, quien catequizando sobre la entrega exclusiva del sacerdote para el Reino de Dios, recordaba que se trata de “una especial conformación con el estilo de vida propio de Cristo Esposo, que da la vida por su Esposa”.

El celibato sacerdotal, vivido con madurez, alegría y dedicación, es un regalo para la Iglesia y para toda la sociedad. Hoy somos invitados a renovarlo delante de Dios.

 

Fuerza renovadora

Mis queridos sacerdotes, que el paso del Espíritu que todo lo crea y todo lo renueva, fecunde las raíces de nuestras personas y comunidades con aquella savia que corrió por las venas de los apóstoles, de los grandes evangelizadores, de los misioneros venidos de otras latitudes para traernos a Cristo Una iglesia misionera es una iglesia que envía, que entrega lo mejor de sí para que otros conozcan el evangelio de salvación.

Necesitamos toda esa fuerza renovadora para superar el cerco de sospecha anticlerical, atizado con saña por ciertos medios de comunicación, debido a los escándalos y anti testimonios de algunos sacerdotes.

Se trata de conductas inaceptables, de verdaderos delitos, crímenes que claman al cielo, que constituyen una pesada cruz y una espada de dolor para la Iglesia que nos llaman a velar, a estar alertas, a orar, a buscar la comunión, la fraternidad y la ayuda de nuestras feligresías. Gracias a Dios es mucho mayor el número de sacerdotes fieles, que viven con entrega generosa y alegría contagiosa su identidad propia y su vocación misionera.

Al pueblo de Dios pedimos hoy su oración y su acompañamiento. No nos dejen solos, no permitan que las generalizaciones injustas los aparten de sus pastores. Caminen con nosotros, hagan suya también la tarea de la evangelización y si es necesario, cuando nos sientan desorientados y en riesgo de perder el norte de nuestra vocación, apliquen la corrección fraterna que nos enseña el Evangelio, se lo vamos a agradecer.

Gracias por estar con nosotros en estas semanas tan turbulentas que hemos vivido como sacerdotes, gracias por mantenerse fieles a la Iglesia y saber que no seguimos a ningún hombre, sino a Cristo, Señor de la historia, nuestro hermano y redentor.

En esta fiesta de la comunión diocesana, damos gracias a Dios por habernos ungido un día y habernos marcado para siempre con el óleo consagrado; por habernos alcanzado con su bondad creadora y recreadora y habernos sumergido para siempre en el bautismo amoroso de su Hijo Redentor; por sentarnos una vez más a su mesa y servirnos su cuerpo y su sangre en la Eucaristía. Que al participar de su sacrificio pascual, su júbilo nos invada cada vez más profundamente y que seamos capaces de llevarlo nuevamente a un mundo que necesita urgentemente el gozo que nace de la verdad.

La pasión, muerte y resurrección de Cristo exigen testigos que la anuncien, la celebren y la vivan. Que la Santísima Virgen María nos ayude en estos días de Semana Santa a compenetrarnos con su Hijo Jesucristo, a seguirle en su Pasión hasta el final, para transformarnos como ella en testigos ardientes y convincentes de la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Que así sea.

 

Mons. Javier Román Arias

Obispo de Limón

SEDE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA FUE ALLANADA EL DÍA DE HOY

ANTE EL ALLANAMIENTO REALIZADO EL DÍA DE HOY A LA SEDE

DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA Y DE LA CURIA METROPOLITANA, LOS OBISPOS DE COSTA RICA EXPRESAMOS QUE:

 

  1. Ni la fiscalía, ni los Tribunales de Justicia, han requerido información alguna a las instancias de la Iglesia, ni a la Curia Metropolitana, ni a la Conferencia Episcopal, hasta lo lamentablemente sucedido el día de hoy.
  2. En la orden de allanamiento, la juez razona la procedencia del mismo en el dicho de un ofendido, el cual relata que los funcionarios de la Iglesia le negaron copia de su denuncia realizada ante la Curia Metropolitana en el año 2015, lo cual es falso. Partiendo así de un error, pues el denunciante, el día que interpuso la denuncia, así como su testigo, recibieron copia de la misma, por lo que, sin mediar solicitud de información y de una manera arbitraria, se ordena la realización de esta diligencia judicial en una forma excesiva y abrupta.
  3. El día de hoy se presentaron a las oficinas de la Conferencia Episcopal al menos 20 agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) al mando de varios fiscales, armados, con pasamontañas y equipo para derribar puertas y forzar archivos, mostrando una orden de allanamiento, y encerraron en un salón a todos los colaboradores de las diferentes instancias de la CECOR. Pese a que los funcionarios se mostraron en la mayor disposición de colaborar y suministrar los materiales que fueran requeridos, amenazaron de palabra, y condujeron a nuestros funcionarios, dándoles el trato de personas peligrosas y los mantuvieron incomunicados.
  4. Dos funcionarias del Tribunal Eclesiástico les mostraron y entregaron los documentos solicitados y pese a eso, continuaron con sus labores revisando documento por documento y oficina por oficina, los tres niveles del edificio de la CECOR y, a pesar de la disponibilidad de colaboración, los agentes del OIJ causaron destrozos materiales en el edificio.
  5. Habiendo sido los funcionarios recluidos a un aposento del edificio, estos decidieron rezar el Rosario, lo cual les fue impedido por los funcionarios judiciales y, mostrando total irrespeto a su libertad religiosa, los agentes pusieron música a alto volumen para impedir la Oración de los funcionarios, misma que no dejaron finalizar porque los trasladaron a otro salón.
  6. Luego de permanecer más de tres horas confinados, nuestros colaboradores recibieron la orden de desalojar el edificio e irse a sus casas, excepto tres funcionarias a quienes se les requirió colaborar con las autoridades judiciales en sus labores.
  7. Además, se le impidió al abogado de la Conferencia Episcopal presente en el edificio presenciar la acción judicial que se estaba llevando a cabo.

            Ante esto manifestamos:

  1. Como ha sido nuestra posición, tal y como lo hemos expresado anteriormente, los obispos de Costa Rica estamos en la mayor disposición de colaborar con las autoridades judiciales en las investigaciones sobre abusos sexuales.
  2. Censuramos y rechazamos, vehementemente, el comportamiento de las autoridades judiciales en la ejecución de la orden de allanamiento, el cual calificamos de excesivo en cuanto a la exhibición de fuerza e intimidación a los colaboradores de la CECOR, mismos que en todo momento se mostraron dispuestos a colaborar con las autoridades.
  3. Externamos nuestra preocupación por la filtración a los medios de comunicación de información contenida en los documentos secuestrados los cuales están siendo sacados de contexto, dando pie a especulaciones y poniendo en peligro el honor de las personas cuyos nombres pudiesen aparecer en los documentos, especialmente el de los denunciantes; de ello responsabilizamos a los funcionarios judiciales.
  4. Aclaramos a la opinión pública que, ni la Conferencia Episcopal, ni la Curia Metropolitana, han pagado por el silencio de los denunciantes en ninguno de los casos investigados, cuyos expedientes han sido secuestrados.

Confiados en que la verdad prevalecerá en estas investigaciones, nos encomendamos especialmente a la oración de todo el pueblo santo de Dios, para que el Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, conceda paz, serenidad y justicia a todas las partes.

Firman los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica en San José, el 07 de marzo de 2019.

 

+José Rafael Quirós Quirós

Arzobispo Metropolitano de San José

Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

+Gabriel Enrique Montero Umaña

Obispo de San Isidro de El General

Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

+Javier Román Arias

Obispo de Limón

Secretario General de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

+José Manuel Garita Herrera

Obispo de Ciudad Quesada

Tesorero de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

+Óscar Fernández Guillén

Obispo de Puntarenas

+Manuel Eugenio Salazar Mora

Obispo de Tilarán-Liberia

+Mario Enrique Quirós Quirós

Obispo de Cartago

+Bartolomé Buigues Oller

Obispo de Alajuela

+Daniel Blanco Méndez

Obispo Auxiliar de San José

 

 

 

DÍAS EN LAS DIÓCESIS: EXPLOSIÓN JUVENIL

Ya se está viviendo, en todo el territorio nacional, y con toda intensidad, la cercanía de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, que se estará realizando en la Ciudad de Panamá la próxima semana, y que será presidida por el Papa Francisco.

En los días previos, se están realizando en Costa Rica los “días en las diócesis”, donde peregrinos de todo el mundo han sido acogidos por familias en diferentes parroquias.  La alegría se ha sentido, la acogida ha sido extraordinaria, y cada uno de los jóvenes que nos visitan han podido percibir, en toda su intensidad, la hospitalidad del pueblo costarricense.

En la mañana de este sábado, junto con el Obispo de Limón, se ha vivido una jornada de mucha alegría, la cual inició con la celebración de la Eucaristía, donde los peregrinos visitantes, así como los jóvenes limonenses que se preparan para salir hacia Panamá el próximo lunes, han sido “enviados” por Monseñor Javier Román, a vivir una experiencia única de la juventud católica del mundo.

A continuación, video y fotografías de la jornada vivida este día en la Catedral de Limón, y en el Gimnasio del Colegio María Inmaculada.