“JESÚS VINO POR USTEDES, VINO POR MÍ, POR TODOS…”

(Homilía pronunciada en la Santa Misa de envío de los peregrinos a la Jornada Mundial de la Juventud, el sábado 19 de enero, 2019, en la Catedral de Limón)

 

Hermanos y hermanas, hoy esta catedral refleja lo que es la Iglesia Católica: una familia de diferentes orígenes, lenguas y culturas unidas por la fe.

Es histórico este encuentro en preparación para la Jornada Mundial de la Juventud. Con alegría y hermandad vamos como discípulos a dejar que Dios haga su obra a través de todo lo que experimentaremos la próxima semana en Panamá. Lo hacemos siguiendo el ejemplo de la Virgen María, su obediencia y disposición al plan del Creador. Ella como madre amorosa nos acompañará y su intercesión nos ayudará a hacer que esa semilla germine en abundantes frutos espirituales en nuestros países, parroquias y familias.

Llevamos a Panamá todo lo que somos, nuestras alegrías y nuestras penas, lo que nos preocupa y lo que nos da paz. Nuestras virtudes y nuestros pecados, allá iremos con las manos sucias y vacías, conscientes de nuestras muchas limitaciones, pero seguros de que el Señor nos colmará de todos sus bienes.

Es bueno preguntarnos ¿por qué peregrinamos?, ¿cuál es el sentido de todo este esfuerzo y cómo esta actitud de caminantes nos debe de llevar a Jesús? No somos peregrinos por un juego, o solo para conocer personas nuevas, sino para descubrir en nuestro interior que tenemos una sed de infinito que solo Dios puede llenar.

Hay un lema que nos gusta repetir, y es que lo mejor de Limón es su gente. Ustedes queridos peregrinos han podido experimentar un poco del calor de nuestra gente -y del clima por su puesto-, el gusto con el cual recibimos a quien llega, como históricamente ha sido en la conformación multiétnica y pluricultural de nuestra sociedad.

Queremos que estos días queden grabados en sus corazones como una experiencia que quieran repetir. Quisiéramos recibirlos de nuevo en el futuro, y volver a hablar de lo que hemos vivido, y de cómo la experiencia de la Jornada de la Juventud fue un momento de Dios para cambiar nuestras vidas.

Esta Catedral, esta diócesis, estas parroquias y familias serán siempre su catedral, su diócesis, su parroquia y su familia. Gracias por escogernos para vivir los Días en las Diócesis, gracias por hacer de Limón su casa. Ustedes nos han dado mucho más de lo que nosotros podríamos haberles dado. Su fe y su gozo de jóvenes son energía que nos dinamiza en la tarea de la evangelización y nos compromete a seguir trabajando con los jóvenes limonenses para lanzar las redes contando con su fuerza y su creatividad.

La Palabra de Dios que hemos escuchado nos interpela, porque es siempre viva y eficaz. La Palabra de Dios es buena, a través de ella Dios quiere nuestro bien, por eso sin ningún temor debemos de buscarla para discernir las respuestas a las muchas inquietudes de nuestro corazón y recibir la misericordia de Dios.

Jesús, el siempre joven, rompió todos los esquemas de su tiempo. Se acercaba a los pecadores, a esa gente que llamaríamos “de mala fama” ante el escándalo de los maestros de la ley y los que en la época, como ahora también, se creen santos en vida.

Ante su crítica, Jesús siempre se defiende de la misma manera: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Incluso llamó a Leví, uno de esos pecadores reconocidos, recaudador de impuestos, para que formara parte de sus amigos más cercanos.

Aunque esta actitud de Jesús la hemos oído un millón de veces… nos tiene que seguir llenando de alegría y de consuelo, porque todos engrosamos las filas de los pecadores… y gracias a él también las filas de los perdonados.

Ojalá este Evangelio nos haga romper para siempre la imagen de un Dios severo que solo busca castigarnos por nuestros pecados. Por el contrario, debe de motivarnos a pensar qué cosas nos alejan de su amor y debemos por tanto rechazar. Se trata de renuncias que a veces duelen, pero que son necesarias, renunciar incluso a nosotros mismos para poder, con generosidad, servir a los hermanos en sus necesidades.

Leví tenía todas las contraindicaciones para formar parte del séquito de Jesús; era traidor a su pueblo y ayudaba al poder romano opresor. Incurría constantemente en impureza, al tratar con los funcionarios paganos para entregarles lo recaudado. Probablemente era también ladrón, cobrando más de lo debido a gente ignorante e indefensa.

Pero en la llamada a ser seguidores de Jesús no cuentan los méritos humanos, Jesús no nos mide desde cálculos humanos, él siempre nos mira más allá y sabe que en el fondo de nuestro corazón está siempre un deseo de bien y de verdad.

Jesús, hermanos, vino por ustedes y por mi, vino por todos, y todos los días pasa por nuestra vida llamándonos, buscándonos casi con obsesión, para que desde nuestra libertad demos un paso al frente en el compromiso y el seguimiento.

En la próxima Jornada Mundial de la Juventud estará también Cristo esperando de nosotros una respuesta afirmativa a su invitación a asumir una vida renovada en el amor. Ahí estará y no mirará cuán malos hemos sido, ni cuánto nos hemos alejado de la Iglesia, ni siquiera nos cuestionará nuestro pasado, solo quiere que de una vez y para siempre lo hagamos el norte de nuestras vidas.

Jesús es el médico de los enfermos; pero es sobre todo la encarnación de la bondad del Padre que recibe gozoso a sus hijos pródigos y celebra con ellos un banquete: comparte con ellos lo que es y lo que tiene. No desperdiciemos esta gran oportunidad.

Mons. Javier Román Arias

Obispo de Limón, Costa Rica

Publicado en Homilias.

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